Falleció Alan García. LA JUSTICIA ES LA PESADILLA DE LOS CULPABLES.

Comencemos indicando que su vida política comenzó bastante temprano y a una corta edad se convirtió en Presidente de la República; exactamente por renuncia a la segunda vuelta por parte de «Frejolito». Los hechos que devinieron de su primer gobierno fueron nefastos, dejando huella hasta nuestros días: crisis económica, terrorismo, crisis social, corrupción, etc.

Luego vino el exilio, sustentado en que se le ajusticiaría, que había persecución. Se mantuvo así por lo menos por el tiempo que le daba la justicia como para que los casos fuesen archivados. En este punto, no podemos negar que el gobierno de Fujimori fue producto directo del nefasto que había dejado García Pérez.

Entrado el nuevo milenio y con Fujimori fugado, pues tentó nuevamente el sillón presidencial; obteniéndolo sorpresivamente (todo esto porque ya en aquellos años se hablaba del mal menor) y no obviemos el don innato de Alan como orador. Ese gobierno fue ingrato ya que se nos disfrazó toda la corrupción por un mecanismo «economía sustentable y ejemplo en Latinoamérica».

Luego ya viene la debacle: ODEBRECHT.

Esta fue su sentencia final y que se la diría directamente Fernando Olivera en el más recordado enfrentamiento en un debate.

Se supo, desde aquel momento, que Alan no dejaría que le impusieran justicia. Iba a hacer todo para que aquello no sucediera. Citaciones, audiencias, presidentes que iban cayendo; pero Alan no.

Él ya sentía que el día D se acercaba: se asiló en la Embajada del Uruguay.

Las investigaciones no pararon y a cinco días de que los peces gordos de Odebrecht hablaran, se suicidó.

Sin generalizar, el suicidio es producto de muchas cosas; no todos son un hecho de cobardía. Fue su decisión, fue la vida que buscó y ahora, lamentablemente por él, deja una estela de cobardía, mas no de ejemplo y honor.

Alan vivió su propia pesadilla por casi 30 años y el punto final lo dio él mismo. Fue dueño de sus actos, incluso, el de su muerte.